Inducción de la ovulación

Algunas mujeres no logran ser madres porque tienen problemas de ovulación. En estos casos, la inducción de ovulación es una exitosa alternativa que ha demostrado una tasa de efectividad del 60% en mujeres menores de 35 años.

La inducción de ovulación es una técnica de baja complejidad que consiste en el uso de medicamentos para estimular la ovulación en mujeres catalogadas como “anovulatorias crónicas” por tener alteraciones en la ovulación y en consecuencia, dificultades para quedar embarazada.
“En estos casos, tiene como objetivo restablecer el balance hormonal, para permitir que ocurra la ovulación y eventualmente el embarazo. También puede emplearse para incrementar el número de óvulos ovulados en un determinado ciclo menstrual con el objeto de compensar factores que disminuyen la fertilidad, como la endometriosis (implantación de tejido endometrial fuera del útero), la ausencia de una trompa de falopio y el factor masculino (alteraciones de cantidad y calidad espermática). De esta forma, se aumenta la probabilidad de lograr un embarazo”, explica el Dr. Alejandro Manzur, ginecólogo especialista en medicina reproductiva de Red Salud UC.
La inducción de ovulación es uno de los pilares en el tratamiento de la pareja infértil. Se puede realizar con diferentes esquemas de medicamentos que buscan aumentar las hormonas que estimulan la ovulación (gonadotropinas). Los más simples se suministran vía oral, y los más complejos a través de inyecciones subcutáneas o intramusculares. “Si este tratamiento es bien utilizado, muchas veces puede lograrse el embarazo sólo con actividad sexual dirigida.  Por lo tanto, se hace imprescindible reconocer el  periodo  de máxima fertilidad (periovulatorio), para programar el coito dirigido o inseminación intrauterina”, señala el experto.

¿Quiénes pueden someterse a esta técnica?

Los requisitos fundamentales para aplicar este tratamiento son que la mujer esté en edad fértil, con reserva ovárica conservada, es decir, con folículos y por ende, óvulos capaces de responder al estímulo inductor de ovulación. “La edad ideal para someterse a este tratamiento va a depender de la reserva ovárica y del reloj  biológico de cada mujer.
No obstante, es reconocido a nivel mundial  que a mayor envejecimiento en la mujer, menor será la respeusta frente a los  inductores de ovulación”, aclara el ginecólogo.
La curva de fertilidad alcanza su máxima entre los 20 y 30 años, declinando en gran medida a partir de los 35 años y sobretodo después de los 40, lo que se relaciona directamente con la cantidad y calidad de óvulos remanentes en los ovarios. “Es decir, mientras mayor sea la reserva ovárica, mayor será la respuesta a un tratamiento inductor de ovulación, y por el contrario, mientras menor sea ésta, mayor será la dosis de medicamentos necesaria para obtener respuesta”, explica el profesional.
Con esta técnica, las mujeres anovulatorias con buena reserva ovárica y sin otros factores que afecten su fertilidad restablecen su ovulación en casi el 100% de los casos. “Esto no es sinónimo de embarazo, ya que para lograrlo se requiere que los otros factores también funcionen adecuadamente”, advierte el médico.
“El 60% de las mujeres menores de 35 años con anovulación pura,  consigue embarazarse luego de 3 ciclos de tratamiento de inducción de ovulación, es decir, la probabilidad de lograr un embarazo es cercana al 20 a 25% por ciclo. Es decir, iguala las cifras alcanzadas en una población fértil, logrando el 90% de ellas, un embarazo antes de 12 meses de exposición al tratamiento”, señala el ginecólogo.
“En mujeres mayores de 35 años, el porcentaje baja, por tener una menor cantidad de óvulos y mayor proporción de ovocitos anormales, lo que aumenta en 50% la probabilidad de abortos espontáneos después de los 40 años”, indica el experto en reproducción humana.

Riesgos asociados

El riesgo más temido de la inducción de ovulación es el síndrome de hiperestimulación ovárica, una respuesta exagerada al tratamiento que provoca la producción de más de 20 folículos ovulatorios (cada uno con un óvulo). “Este síndrome puede gatillar fenómenos tromboembólicos, ascitis (líquido en la cavidad peritoneal) y derrame pleural con la consiguiente dificultad respiratoria, situación que conlleva un riesgo importante para la vida de la mujer”, advierte el ginecólogo.
Todos los procedimientos de inducción de ovulación deben contar con un monitoreo mediante seguimiento folicular ecográfico transvaginal, dado que la respuesta puede variar de ciclo en ciclo en una misma paciente y de persona a persona. El resultado puede ser insuficiente o peor aún, exceder las necesidades de la pareja y favorecer un embarazo múltiple, que no es lo que se busca con esta técnica.  El embarazo múltiple es considerado de alto riesgo, pues se asocia a mayores complicaciones maternas y fetales. Por esta razón, todo esfuerzo para evitarlos mediante una adecuada supervisión de la respuesta ovárica es tiempo bien invertido.
El doctor Manzur  concluye que es primordial que la mujer sea estudiada por un profesional especialista en reproducción, quien deberá orientarla sobre los medicamentos utilizados habitualmente en esta técnica. También es fundamental que se evalúe a la pareja de la paciente.