frecuencia sexual: ¿Cuánto es lo normal?

La frecuencia sexual o cuántas veces a la semana o al mes tiene relaciones sexuales una pareja parece ser indicador de cuánto se quieren o cuán bien se llevan en la cama. Sin embargo, la voz de los expertos indica que frecuencia no es necesariamente parámetro de satisfacción.

La ginecóloga y especialista en sexualidad, Dra. Patricia Aliaga señala que la frecuencia de los encuentros sexuales no obedece a un “deber ser”, simplemente son… Y las parejas definirán cuál es la frecuencia que les acomode, bajo la premisa de la disposición de tiempo, actitud y predisposición al disfrute.

Según la profesional, en la actualidad existe una visión “coito-céntrica”, es decir, se define la “sexualidad” como sinónimo de “penetración” y se visibilizan sólo los órganos que en ella participan: pene y vagina. “Por tanto, las prácticas sexuales no penetrativas refuerzan esta perspectiva, pues al definirlas como juegos sexuales ´previos´ o ´preliminares´ se estructura el supuesto de que la meta del encuentro sexual debe ser el coito”, sostiene.

A su juicio, el deseo sexual se puede ver disminuido por diferentes causas o condiciones tales como médicas, sicológicas o situacionales, y la frecuencia de las relaciones es una consecuencia de este deseo hipoactivo. Entre los factores que influyen en la baja de la frecuencia de relaciones sexuales de una pareja, está la vivencia de la propia sexualidad, los espacios propios, la sobrecarga de trabajo o académica, el cuidado de los hijos, etc, afectando a hombres y mujeres por igual.

Aún cuando exista una baja del deseo sexual, independiente de su causa, la sexóloga no es partidaria ni recomienda tener relaciones sólo por tenerlas, o por el mito de que la acción o el hábito contribuye a una mejor relación de pareja. “El peor consejo que se pudiera dar es tener sexo sin deseo, puesto que contribuye a agravar la situación y se puede llegar incluso a una verdadera fobia sexual”, sostiene.

Pero ¿Qué ocurre cuando un miembro quiere tener mayor frecuencia, y el otro menor?
Según la ginecóloga, la negociación es la forma de llegar a un acuerdo. “Sin embargo, en nuestras sociedades, la construcción social sobre la diferencia sexual implica la idea del género sexual femenino como género devaluado. La cultura occidental ha relacionado lo masculino con determinados aspectos, tales como: lo racional, la actividad y autonomía, el logro de metas y el mundo público. En cambio, ha centrado lo femenino en lo afectivo, la pasividad, la dependencia, la orientación a procesos y relaciones y, en general, al mundo de lo privado, enmarcando la sexualidad en lo reproductivo y la satisfacción del compañero, como expresión de una identidad femenina construida en torno a la idea de ´ser para otros´, y a la maternidad como su eje central”, sostiene.

Dado a lo anterior, la Dra. Aliaga señala que en el plano sexual, la mujer tiene la dificultad para reconocer y expresar las propias necesidades y para contactarse con el plano del erotismo y el disfrute, viviendo una sexualidad desvinculada de su intimidad, asumida como una función que les toca cumplir.

La sexualidad cambia con los años

La ginecóloga indica que es esperable que la sexualidad de una pareja cambie a lo largo de la vida, sin embargo, mantener el encantamiento de los primeros años es tarea del día a día, construyendo, manteniendo y resguardando los espacios de intimidad.

Asimismo, es enfática en señalar que la frecuencia no es un parámetro de satisfacción sexual. Y en el caso de que las relaciones no sean satisfactorias, se resiente todo el sistema de relaciones entre los miembros de la pareja, cabiendo la posibilidad de que muchas de ellas atribuyan gran parte de sus dificultades a la sexualidad, dejando de ver otras dificultades o conflictos en la pareja y suponiendo erradamente que si la sexualidad mejora, toda la relación se va a armonizar.

“Se sabe que cuando aparecen dificultades sexuales, éstas suelen despertar una gran cuota de angustia, resultando difíciles de compartir y abordar al interior de la pareja. Esto conduce a la mantención de un intercambio sexual difícil o insatisfactorio, o a la evitación de la actividad sexual mantenidos en el tiempo con silencios y evitaciones, lo que suele ir consolidando un patrón insatisfactorio y puede traer como consecuencia disfunciones sexuales secundarias en la pareja y afectar o ser efecto de más problemas. La derivación a una consejería sería útil”, expresa.

Dra. Patricia Aliaga
Ginecóloga, especialista en sexualidad
Fono consulta: 2323585