Dieta del Genotipo

Este innovador método postula que existe un tipo de dieta adecuada para cada persona, teniendo en cuenta aspectos claves, como su grupo sanguíneo y sus genes.

Más que un régimen para bajar de peso, la dieta del genotipo es un estilo de alimentación que potencia los nutrientes que le hacen bien al organismo y que desecha aquéllos que lo dañan. Como resultado -aseguran sus seguidores- no sólo se adelgaza, sino que además se logra un bienestar integral. En ese sentido, es una excelente forma de conocer cómo funciona el propio cuerpo, qué cosas nos sientan mal y cuáles nos ayudan a funcionar mejor.

El creador de este método es Peter J. D’Adamo, un reconocido doctor estadounidense especializado en medicina natural, que estudió durante años el comportamiento del organismo en relación con la comida, concluyendo que los genes tienen mucho que ver en la forma en que cada individuo procesa los alimentos. En palabras simples, sostiene que una alimentación adecuada es capaz de favorecer la herencia genética positiva y de minimizar la negativa.

Seis grupos, seis dietas

En base a estas investigaciones, D’Adamo diseñó un sistema que clasifica a las personas en seis grupos de acuerdo con las características de sus genes y teniendo en cuenta su grupo sanguíneo: recolector, guerrero, cazador, nómada, maestro y explorador.

Si se ajusta la alimentación a este sistema -asegura D’Adamo- la persona alcanzará su peso ideal de manera natural y podrá prevenir el desarrollo de las enfermedades a las que es más propenso. “Hay que tener en cuenta que el 70% de las enfermedades derivan de la mala alimentación.

Por eso, al corregir la nutrición, se corrigen los problemas de salud como colon irritable, glicemia, estados de ánimo, humor, forma de dormir, digestión, problemas de la piel, infecciones recurrentes, dolores de cabeza y obesidad, entre otros”, explica la bioquímica Andrea Chicurel, la única profesional de la salud acreditada en Chile en este método.

Esta especialista y directora del Centro Nutrición Inteligente, señala que para determinar de manera precisa el tipo al que pertenece cada persona se realizan mediciones de algunas partes del cuerpo, “que dan información de su genética. Además, les hacemos un examen de saliva para saber su estado secretor (factor que determina la capacidad de producir el antígeno del grupo sanguíneo en los fluidos corporales) y dependiendo de este resultado, hacemos el plan de alimentación”.

Aunque muchas veces estos exámenes son esenciales para la identificación de cada grupo, hay algunas ‘pistas’ que nos pueden ayudar a sospechar qué alimentos nos hacen bien y cuáles, mal. “Son los típicos alimentos que nos hinchan, nos hacen engordar, nos ponen estíticos o nos dan sueño.

Muchas personas se dan cuenta de algunos, pero otros no, y quienes vienen a vernos, por lo general, son aquéllos que no se dan cuenta o necesitan una guía para hacerlo y confirmar su genotipo”, señala Andrea Chicurel. Esta nutricionista aclara, eso sí, que no todos los alimentos que nos hacen mal nos producen algún efecto notorio, ya que algunos tienen ciertos elementos que actúan a nivel muy molecular, pudiendo alterar la genética a largo plazo, como es el caso del cáncer.

Recolector: Tipo de sangre: 0 (IV) o B (III).

Este grupo (el más común en nuestro país) se caracterizan por tener ‘genes ahorrativos’, cuyo principal objetivo es apoderarse de toda caloría digerida. En tiempos primitivos, eran los más preparados para la supervivencia, pero en el mundo moderno -con sobreabundancia y poca actividad física- esta característica les causa problemas como el sobrepeso y la obesidad. Pueden hacer dietas muy estrictas y aún así, no consiguen adelgazar. Lo peor para ellos es una dieta restrictiva, ya que si bien pueden mantenerse controlados por un tiempo, apenas se salen del régimen, su organismo guarda todo, e incluso ganan más kilos.

Deben consumir: proteínas animales; carnes (cordero, conejo, pavo), huevos, pescados y lácteos, ojalá varias veces en el día. También, algas (para regular función de la tiroides) y proteínas vegetales como almendras, nueces; verduras como espárragos, apio, espinaca, champiñones; frutas como las ciruelas, chirimoya, mora, papaya, uva; bebidas como el té negro, jugo de sandía o arándano e infusiones de manzanilla. Evitar carbohidratos como pan o pastas, mucha fruta, dulces, arroz, cereales refinados y cerveza.

Guerrero: Sangre tipo A (II) o AB (I).

Esbeltos y saludables durante su juventud, en la adultez suelen engordar con rapidez y les cuesta bajar de peso. Si son activos físicamente su metabolismo se agiliza, pero si llevan una vida sedentaria suelen subir de peso con rapidez. Tienen una sorprendente fortaleza física, son carismáticos y ocurrentes, se enrojecen cuando andan nerviosos y les cuesta relajarse. Son intensos, trabajólicos, comen de todo y nada los afecta. Sus problemas están enfocados a lo cardiovascular y a la diabetes. También pueden tener colesterol alto, resistencia a la insulina y es posible que sean sensibles a la piel.
Siguiendo una dieta y un estilo de vida adecuados, pueden mantener su metabolismo, previniendo un envejecimiento prematuro.

Requieren: Una dieta mediterránea con mucho pescado (Omega3), verduras, granos integrales, vino tinto y frutos secos. Evitar harinas refinadas y grasas saturadas como carnes rojas, mantequilla, leche entera y derivados.

Cazador: Tipo de sangre: Sólo tipo 0 (IV)

Los representantes de este grupo -poco frecuente en Chile- suelen ser altos, de piernas delgadas y torso largo, con músculos estilizados. Tienen mucha adrenalina y una gran energía, que va disminuyendo con la edad. Su sistema inmune actúa rápidamente contra microbios, virus y bacterias, a veces de manera exagerada. Poseen un sistema digestivo delicado, con mucha acidez. Pueden ser alérgicos o tener intolerancia al trigo y, por ende, al gluten.

Requieren: proteína animal de carnes rojas, pescado, huevos, arroz; verduras como la acelga, alcachofa, lechuga, espárrago, la cebolla, el zapallo y brócoli; frutas como piña, plátano, arándanos y frambuesas. Evitar harinas, papas, cerveza y leche.

Nómade: Tipo de sangre: B (III) y AB (I).

Son parecidos a los cazadores (estilizados, con piernas más largas que su torso), pero tienen más problemas al estómago y son muy alérgicos. Son muy reactivos a los alimentos, por lo que tienen mucha retención de líquido. A pesar de su buena salud, muchas veces tienen “puntadas” de dolor en el estómago y cefaleas. Una alta proporción de ellos le tiene alergia a las harinas y pueden ser celíacos.

Requieren: Carne de vacuno, cordero y pescado; arroz y frutas, en especial arándanos, cereza, frambuesa, higo, papaya, plátano y uva. La caballa y el salmón, por su alto contenido en ácidos grasos, son especialmente recomendables.

Evitar: Harinas de trigo, maíz, avena, centeno, tomate, palta, té negro.

Maestro o profesor: Tipo de sangre: A (II) o AB (I)

Fuertes, vigorosos y estables. Suelen vivir un tiempo largo sin síntomas y descubrir que han venido desarrollando por años problemas digestivos, desórdenes pulmonares -inclusive un cáncer- sin darse cuenta. Son de naturaleza exuberante, con una apariencia calmada. Pueden ser propensos a infecciones urinarias o sinusitis; bronquitis o amigdalitis y herpes.

Su dieta debe ser básicamente vegetariana, con carne de pavo y pescado, cereales integrales, frutas, verduras y frutos secos, huevos, yogur, queso brie, almendras, habas y palta. Evitar carbohidratos refinados como harinas blancas y azúcares simples. Leche, porque al ser de proteína animal, sobreexige su estómago y produce mucha acidez. También las papas y algunas verduras como lechuga, choclo y berenjena.

Evitar plátano, naranja, la cereza. El vino blanco, la cerveza y los refrescos diet.

Explorador (muchos son Rh negativo y de tipo de sangre O u A).

Es musculoso y aventurero, con anchos hombros y caderas estrechas. Tienen poca grasa en el cuerpo y suelen ser delgados. Les cuesta procesar la cafeína y el alcohol, y tienen poca tolerancia a las fragancias y medicamentos. Si comen poco, resultan bastante longevos.

En este grupo se dan con más frecuencia enfermedades autoinmunes, diabetes tipo 1 y lupus. También son propensos a sufrir anemia, alergia a algunos alimentos, problemas al hígado o cáncer de mama. Son mañosos al comer y pueden no gustarles las frutas o los huevos. El hierro es básico en su dieta, pudiendo tomarlo con legumbres o carne de hígado, por ejemplo.

Requieren comer aves, legumbres, arroz, algunas frutas y ciertas verduras.

Evitar: Café, harinas de trigo, leche y semillas.

Andrea Chicurel Correa
Bioquímica PUC.
Directora Nutrición Inteligente
Alonso de Córdova 5151 Local 102-A, Las Condes.
Fono: (2) 2018289
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