Cambios en la adolescencia

De pronto, te das cuenta que ya no entras en los jeans del año pasado, que tienes más vello corporal y que en tu rostro aparecieron espinillas. Son los ‘ajustes y desajustes’ propios de la adolescencia y con los cuales tendrás que lidiar por un tiempo. Pero ¿Hasta qué punto estos cambios son normales y cuándo revelan alguna alteración?

Te miras al espejo y no te reconoces. Tu cuerpo, que hasta entonces lucía tan armónico, comienza a desproporcionarse; los brazos parecen demasiado largos, los pechos crecieron muy rápido y más de lo que necesitas (o menos de lo que esperabas), los poros abiertos se despliegan por tu cara y tus caderas se ensancharon más que las de ‘J.Lo’. O, por el contrario, las curvas en tu cuerpo brillan por su ausencia y te sientes tan plana como una tabla de surf…

La lista suma y sigue. Y es que los cambios físicos que provoca la pubertad son tan rápidos que a veces cuesta asumirlos, sobre todo cuando no ocurren de la forma esperada.

“Los adolescentes suelen tener un desarrollo un poco desproporcionado y a distintas velocidades respecto de su pares; algunos tardan más y otros tienen un desarrollo muy veloz y dispar, que incluso los hace tener diferentes intereses”, explica la doctora Carla Reyes, ginecóloga infanto-juvenil de Clínica Dávila.

Estas disparidades suelen generar inseguridades, justo en un periodo en que la imagen corporal y la apariencia física son muy importantes. “Hoy más que nunca, las adolescentes son muy exigentes con su imagen corporal y se frustran cuando no pueden conseguir los cánones de belleza que se muestran en los medios”, señala esta profesional.

Esas inseguridades -agrega- se manifiestan a través de actitudes como buscar la delgadez extrema (y caer en anorexia o bulimia) o tratar de ser totalmente lampiñas. “Se depilan completamente o se someten a tratamientos muchas veces dolorosos, y que a futuro no son los mejores estéticamente hablando, o bien lo hacen en centros que no son lo adecuados y obtienen malos resultados”.

¿Normal o no?

La doctora Carla Reyes señala que “muchas veces, cuando las niñas tienen el desarrollo de la pubertad comienzan a ponerse rellenitas”, porque su cuerpo se está convirtiéndose en el de una mujer, con todas sus formas y características. En este periodo también suele haber aparición de acné y de vello. Todos esos cambios son esperables, siempre y cuando no revelen un desorden hormonal. Vamos punto por punto:

*Más vello. “Racialmente, hay mujeres más velludas que otras, pero cuando hay desórdenes hormonales, el vello aparece sobre todo en zonas específicas del cuerpo, como en la línea media del abdomen, en la región sacra (espalda baja), alrededor de los pezones o en el mentón. También cuando es muy marcado sobre el labio superior”, precisa.

*Espinillas. En este periodo se produce un discreto hiper-androgenismo (aumento de hormona masculina), que favorece la presencia de acné. “El examen médico podrá determinar si es un acné normal o patológico. Este último se asocia mucho a cuadros como ovario poliquístico, hiper-plasia supra renal congénita y síndrome de cushing, entre otros”, explica esta ginecóloga.

*Kilos extra. Es normal que las jóvenes exhiban un cuerpo más ‘voluptuoso’ que en la infancia, pero cuando el aumento de peso es excesivo y abrupto, hay que poner atención. “Lo ideal es que la persona se mantenga siempre en el mismo carril de peso. Cuando éste se incrementa en forma notoria, hay que investigar qué esta pasando, pues podría tratarse de enfermedades como el síndrome de resistencia insulínica (bastante frecuentes hoy en día), de cuadros psicológicos o de cambios en los hábitos de alimentación”, advierte esta especialista.

Si bien algunos trastornos hormonales como el hipotiroidismo pueden favorecer un aumento de peso, generalmente no llegan a provocar obesidad. “En muchos casos, el incremento ocurre simplemente por malos hábitos de alimentación. En el periodo prepuberal los niños suelen comer mucho, pero cuando disminuye la velocidad de crecimiento, no pueden mantener los mismos hábitos de alimentación, porque hay una disminución del metabolismo. Entonces tienen que ajustarse a los nuevos requerimientos calóricos”, explica esta profesional.

Asimismo, aclara que los anticonceptivos orales no son los responsables del aumento de peso en esta época. “Estos fármacos no engordan, a lo más provocan una leve retención de líquido. Y hoy en día, incluso hay algunos que eliminan líquidos. Lo que sí pueden provocar es un discreto aumento del tamaño mamario, que dependerá también del porcentaje de grasa de cada mujer”, señala.

Tiempo al tiempo

Adaptarse a los cambios propios de esta época puede no ser tan fácil, sin embargo antes de caer en la depresión o recurrir a soluciones radicales (como el bisturí para un aumento de mamas, por ejemplo), Carla Reyes recomienda tener paciencia y dejar que el cuerpo alcance su equilibrio a medida que completa su desarrollo. “Hay que esperar como mínimo tres años después de la menarquía, para hacer algún tipo de corrección plásticas, antes de ese tiempo, no es apropiado”, apunta.

Lo que sí se debe hacer en forma pronta es una consulta con el especialista tan pronto se inicie el desarrollo puberal, para saber si éste es normal o patológico. “Si consultan cuando ya apareció el acné o el vello, están llegando tarde, porque el vello ya formó y en esos casos, el tratamiento apuntará a evitar que siga apareciendo más”, indica.

Junto con ello, es fundamental adoptar hábitos de alimentación adecuados (equilibrados, en suficiente cantidad y calidad), actividad física regular, no automedicarse (el anticonceptivo que funciona de maravilla con una amiga puede ser perjudicial para otra) y buscar vías para reforzar la seguridad personal y la autoestima.