“Cuando se esconde el hecho de haber sido dejado por el otro es una forma de ocultar el sentimiento de vergüenza que esto puede producir”, dice la psicóloga Andrea Oksenberg.
No hay dolor más profundo e insondable que el desamor, que sufrir por un amor no correspondido o perdido. Y si el fin de la relación fue una decisión unilateral, como casi siempre ocurre, el sufrimiento es mayor aún para quien fue dejado.
Esta temática vuelve al tapete de discusión con el libro “Rupturas”, de Esther Feldman, que con el subtítulo de “Siempre hay alguien que deja y otro que es dejado”, pone el dedo en la llaga. Y donde más duele.
“No existe el común acuerdo, aunque se llegue a un acuerdo en común. Siempre hay alguien que deja y otro que es dejado”, asegura la autora argentina, que antes publicó “Amados y amantes”.
Al respecto la
psicóloga clínica Andrea Oksenberg señala: “Evidentemente, quien es ‘dejado’, debe lidiar con un dolor adicional. No sólo debe separarse de quien ha sido su compañero durante algún tiempo, sino que además debe enfrentar el dolor del rechazo y del amor no correspondido”.
Dolor oculto
Oksenberg repara en un lugar común cuando se debe explicar a terceros el fin de una relación. “Hablar del ‘común acuerdo’, muchas veces es una forma de ocultar la asimetría de la decisión.
Generalmente hay uno en la pareja quien toma la decisión, aunque en muchas ocasiones se llega a eso luego de un proceso de distanciamiento gradual. Cuando se esconde el hecho de haber sido dejado por el otro es una forma de ocultar el sentimiento de vergüenza que esto puede producir”, dice la especialista.
Además, este abandono amoroso conlleva una profunda aflicción que menoscaba nuestra valía y autoestima. “Ser abandonado o rechazado provoca una herida en nuestro sentimiento de valía personal o autoestima; y que los demás sean testigo de esta situación puede aumentar el dolor o la vergüenza”, subraya Andrea Oksenberg.
Cuál eres tú
Según Esther Feldman, existen distintos tipos de personas que son dejadas en una relación de pareja, quienes enfrentan su nueva vida con una actitud y disposición según su particular personalidad. Aquí algunos.
•Los eternos abandonados: Es incapaz de dar vuelta la página, no tiene capacidades ni fortalezas para rehacer su vida. Si bien espera en silencio que el ex lo llame y que vuelvan, tampoco hace nada al respecto.
•Los livin’ la vida loca: Llevan la procesión por dentro, mientras proyectan una imagen radiante y desenfadada. “Esta clase de dejados hace honor a su nombre y se dedica a vivir la vida loca. Bajan de peso, cambian de vestuario, se van solos de viaje y se dedican a experimentar con todas las sustancias permitidas y prohibidas que se pongan en su camino”, dice Feldman.
•Los insistentes: No asumen que la relación llegó a su fin y moverán cielo, mar y tierra por recuperar a su ex. Son estoicos en su lucha y no tienen reparos en marcar presencia de distintas formas a su ex.
•Los negadores: Para ellos todo está bien, no asumen los problemas y hacen del lema “no hay mejor ciego que el que no quiere ver” su forma de vida. Fingir que la relación sigue igual y hasta mejor es una forma psicótica de no asumir que fueron dejados o que ya no los quieren.
Según explica la psicóloga Andrea Oksenberg, cada ruptura es particular y todas las personas son únicas en su complejidad emocional, por lo que no corresponde dar recetas ni consideraciones sin conocer la situación real y su contexto. Sí destaca que el desamor es como un duelo, donde se pierde un ser querido y se debe aprender a vivir sin él. “En esto no hay recetas y cada quién tiene su propio timing que debe ser respetado. El duelo requiere tomar contacto con sentimientos de diversa índole, tales como rabia, frustración, pena y dolor, entre otras aflicciones”, advierte.
La profesional aclara que quien es dejado asumirá la pérdida y logrará rehacer su vida según los recursos psíquicos, emocionales y sociales. Si son suficientes y están desarrollados podrá elaborar y superar el duelo. En cambio, si carece de esas capacidades, se quedará estancado en su duelo.
“En estos casos, es importante entender qué es lo que está obstaculizando el proceso, que en muchas ocasiones no es exactamente el amor que se le tenía a la persona, sino otro tipo de dificultades o sentimientos. En estos casos, muchas veces se requiere de ayuda psicoterapéutica para que la persona pueda entender lo que le sucede y pueda avanzar en su proceso”, culmina.
Psicóloga clínica Andrea Oksenberg
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