“El hombre después de la cuarentena, está ansioso de retomar su vida sexual, pero no es tan fácil. Hasta que la mujer no deja de dar pecho, el deseo sexual no se evoca tan fácilmente”
Por mucho que se haya planificado y deseado, la llegada del primer hijo provoca un cambio radical en la relación de pareja. Y la vida íntima es, sin duda, una de las esferas más resentidas. “Ésta comienza a desaparecer desde el minuto en que la mujer experimenta molestias físicas que le impiden una sexualidad normal. Eso, sin contar con todo el trastorno que significa la crianza del niño”, señala
Ximena Santa Cruz, psicóloga especialista en terapia de pareja.
Durante este periodo, es común que los hombres se sientan relegados a un segundo plano, dada la gran demanda física y de tiempo que implica un bebé en sus primeras semanas de vida. “En nuestro país, muchos hombres actúan como si fueran hijos de su pareja y cuando la nace la guagua, sienten que les están quitando su lugar, que ya no tienen la exclusividad de la atención y de los afectos. Y se ponen más demandantes, pero tampoco ayudan mucho a que la mujer se desocupe para que les dé tiempo”, precisa Ximena Santa Cruz.
El panorama mejora si ellos se involucran en las tareas relacionadas con el nuevo integrante de la familia. “Cuando se hacen partícipes de la crianza de los niños pequeños, estas labores se hacen menos pesadas y les queda más espacio para coquetear e interactuar mientras realizan actividades en conjunto”.
Pero atención, porque no se trata de turnarse con los deberes o de realizarlos por separado, sino más bien de trabajar en equipo. “Si la función parental está destinada a suplir lo que el otro no hace, si hay uno que dice ‘quédate tú con la guagua y yo salgo’, es más difícil recuperar los espacios de intimidad y complicidad”, sostiene.
Kilos de más, hormonas y baja libido
La gran demanda física, la falta de un sueño reparador y los cambios hormonales son factores que, sin duda, atentan contra el deseo sexual femenino en este periodo. “La disminución de la libido es un tema bien complejo, porque hay varios aspectos que se entrecruzan, partiendo porque el cuerpo de la mujer está asociado fundamentalmente a la función maternal”, explica esta profesional.
Así es como los pechos -que antes eran símbolo de erotismo- ahora son la fuente de alimentación del pequeño. Lograr hacer el switch cuando se está en la intimidad no es fácil para todas las mujeres. “Las mismas contracciones del orgasmo pueden provocar la salida de leche de los pechos, lo que obviamente es muy mata-pasión”, comenta.
Otro tema que preocupa a las mujeres a la hora de retomar su vida sexual es cómo luce su cuerpo. Kilos de más, abdomen suelto y cierta distención en los órganos reproductivos pueden hacerla sentir poco atractiva.
Algunas, además, deben lidiar con los comentarios ‘poco amorosos’ de sus propios maridos respecto a esta nueva silueta.
“El hombre después de la cuarentena, está ansioso de retomar su vida sexual, pero no es tan fácil. Hasta que la mujer no deja de dar pecho, el deseo sexual no se evoca tan fácilmente, por las propias hormonas de la lactancia, que están muy bajas (y por eso tienen un efecto anticonceptivo). Es decir, orgánicamente, el cuerpo no está preparado para retomar la vida intima, pero se puede trabajar en ese sentido; con cercanía y con complicidad, más que desde la queja y la demanda”, apunta.
En ese contexto, la recomendación para ellos es ser ‘benevolentes’ con sus esposas en este periodo. “Tener presente que de a poco, las cosas van volviendo a la normalidad y que al cabo de un año, el cuerpo de la mujer ya estará ‘recuperado’. Durante las primeras semanas, por ejemplo, es normal cierta laxitud vaginal, porque los músculos de esta zona deben distenderse mucho en el parto, y les toma unos 6 meses retomar su elasticidad, proceso que puede ser ayudado con los ejercicios de Kegel. Eso es muy importante para recuperar la capacidad orgásmica”, precisa.
¿Volveremos a ser los de antes?
Pese a estas dificultades -o precisamente por ellas- Ximena Santa Cruz estima que en este periodo es esencial que las parejas se permitan espacios de intimidad. “Tienen que re-aprender a vivir la sexualidad en este periodo; hay que programarse (por ejemplo, aprovechando cuando los bebés duermen siesta) y generar momentos de descanso, tanto para dormir como para encontrarse mutuamente, con tranquilidad. Por eso, aquí es fundamental el apoyo de un tercero; abuelas, tías o una nana, que puedan quedarse con la guagua un rato y permitan a la pareja compartir solos”, señala esta psicóloga.
Regalarse espacios para disfrutar como ‘pololos’, sin culpas ni remordimientos, y alejados -por unas horas, al menos- de la función exclusiva de padres es una necesidad vital para la buena salud del matrimonio. Algo que nuestra sociedad no siempre es capaz de comprender, según estima esta profesional. “Vivimos en una cultura que es anti-pareja, que prioriza las funciones parentales por encima de las de pareja, y eso hace que la mujer se desconecte con mucha facilidad de su cuerpo, de sus necesidades físicas y orgánicas. Y en este periodo, ese problema se hace aún más evidente”, indica.
Pero si la pareja quiere ayudarse (se ‘mentaliza’ y se hace consciente de la importancia de retomar su vida de pareja) y cuenta con los apoyos necesarios, recuperar la pasión y la intimidad de antaño es una meta posible. Además, deben tener presente que muchas de estas alteraciones -tanto las físicas, como las hormonales y las emocionales- son temporales.
Lo importante -insiste esta terapeuta- es volver a conectarse con la dinámica del coqueteo y reencontrarse con el tema corporal de manera amorosa y comprensiva. Ser cómplices en el día a día y acudir a los recuerdos en común suele ser muy útil en ese sentido. “Si la mujer ve al hombre conectado con ella con su función de padre y logran tener un espacio para acordarse de la conexión afectiva que tenían antes, es más fácil que ella pueda volver a sentir deseo”, concluye.
Ximena Santa Cruz Bolívar
Psicóloga y terapeuta de pareja
Teléfono: (2)4187265