Febrero, 2010

Salud emocional del cabello y el cuero cabelludo:

El pelo también se estresa

 

Cabellos opacos, frágiles, con caspa, alopecia o problemas en el cuero cabelludo podrían ser reflejo de un trastorno emocional como el estrés o la depresión. Un especialista nos explica el por qué.

Por Mariel Jara
Después de un cuadro de estrés fuerte, cambia el ciclo de crecimiento del pelo, y muchos cabellos entran en etapa de reposo o muerte.
Aunque parezca extraño, el pelo también puede resentir los efectos del estrés o de una gran pena. En ese sentido -constatan los expertos- es un órgano bastante psico-somático.

“El cabello refleja en forma importante nuestros problemas emocionales”, señala el doctor Robinson Guerrero, dermatólogo de Fundación Médica San Cristóbal.

El especialista explica que después de un cuadro de estrés fuerte (por ejemplo, por situaciones como la muerte o enfermedad grave de un familiar), se producen cambios en el ciclo del crecimiento del pelo, y muchos cabellos entran en etapa de reposo o muerte.

De hecho, se ha observado que un estrés emocional fuerte puede provocar la caída del pelo en forma brusca, ya sea total, parcial o en placas.

Por qué un ‘pelo triste’

Las alteraciones emocionales pueden incluso afectar las características externas del pelo, y hacer -por ejemplo- que un pelo rizado se vuelva más liso. O volverlo más frágil y opaco.

“Varios estudios han demostrado que la caspa se agrava con el estrés, y lo mismo sucede con otras enfermedades del cuero cabelludo, como la psoriasis o la dermatitis seborreica”, agrega este profesional.

Asimismo, señala que hay casos en que el estrés continuo o los estados tensionales crónicos -derivados de un estrés laboral o familiar- disminuyen las defensas de la persona y favorecen el aumento de gérmenes que habitan en forma normal en el cuero cabelludo, pero cuyo incremento desmesurado propicia la aparición de caspa y espinillas.

“También se ha visto casos de foliculitis (inflamación de pelos), producto de un ácaro llamado demodex foliculorum”, indica el doctor Guerrero.

Por otra parte, investigaciones realizadas por la Universidad de Sheffield -una de las más importantes del Reino Unido- han puesto de manifiesto que las personas sometidas a estrés emocional juegan más con su pelo, pasan los dedos por el cabello y lo tiran, acciones que pueden derivar en un incremento del daño mecánico y, por lo tanto, de la pérdida de aminoácidos.

Además, se sabe que frente a emociones como la angustia o la tensión, los músculos del cuero cabelludo tienden a contraerse, restringiendo el flujo sanguíneo a los folículos pilosos.

¿Será estrés?

Este especialista señala que es difícil determinar a primera vista si estos problemas tienen un origen emocional. Sin embargo, hay algunas claves que permiten, al menos sospechar. “La caída muy intensa -cuando nos encontramos con muchos pelos en la ducha o al peinarse- es sugerente de estrés. La caída por causas hormonales, en cambio, es más lenta y progresiva y se caracteriza por pelo delgado”, explica.

De todas formas, si se piensa que el factor emocional es el responsable de estos cambios, lo mejor es consultar con un especialista, quien podrá orientar mejor respecto de la causa del problema.

En casos leves, pueden ayudar medidas complementarias tendientes a bajar los niveles de estrés y a regular los trastornos pasajeros del ánimo. Entre ellos:

Relajarse: Mucha de la tensión que acumulamos durante el día se queda en nuestro organismo, reflejándose en órganos como la piel y el cabello. Para aminorar este impacto, es conveniente buscar espacios e instancias que permitan relajarse, liberar tensiones y recargarse de energías positivas. Lo importante es que sea una actividad continua en el tiempo y que resulte placentera. Dar un paseo, tomar clases de yoga o taichí, inscribirse en un curso de baile (siempre que no se transforme en una obligación más!) son buenas alternativas.

Descanso: Todos los órganos y sistemas del cuerpo requieren de un sueño de calidad (profundo y en cantidad suficiente) para renovarse. Los trasnoches y desvelos, definitivamente, no contribuyen en este proceso.


Dr. Robinson Guerrero, dermatólogo
Fundación Médica San Cristóbal
Fono: (2) 7549500.
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