
La postergación de la maternidad es una realidad innegable en nuestra sociedad. Así lo reflejan las estadísticas y también lo han percibido los gineco-obstetras, cuyas pacientes -sobre todo en clínicas privadas y en los segmentos socio-económico más altos- se embarazan cada vez a mayor edad.
“Dada esta realidad, en el mundo entero existe un gran interés por encontrar métodos que permitan a estas mujeres lograr su objetivo de embarazarse”, explica el d
octor Ariel Fuentes, gineco-obstetra y subdirector del Instituto de Investigaciones Materno-Infantil (IDIMI) de la Universidad de Chile.
Y efectivamente, los adelantos de la ciencia han permitido avanzar bastante en este tema, sin embargo hay aspectos que aún es imposible manejar, como el envejecimiento de los óvulos, una pieza indispensable para lograr concebir.
“La ovulación es la liberación del óvulo desde el ovario y es un fenómeno fundamental para conseguir un embarazo. Lamentablemente, a medida que pasan los años -a partir de los 30, y en especial después de los 35- este mecanismo va perdiendo efectividad”, explica el doctor Fuentes.
Aumentando las opciones
Por eso, antes de embarcarse en un tratamiento para lograr un embarazo es fundamental evaluar las condiciones con las que una mujer se enfrenta a este objetivo, teniendo en cuenta que la fertilidad femenina disminuye a partir de los 35 años y especialmente desde los 37 en adelante.
Para ello es importante tener en cuenta sus antecedentes familiares, porque eventos como la menopausia dependen mucho de este factor. “La edad promedio de la menopausia es a los 47 años, pero algunas mujeres la tienen a los 55 años y otras a los 40. Por eso es importante considerar el factor familiar, ya que -en general-las hijas suelen tener su última regla a una edad un poco mayor que la de sus madres”, señala este especialista.
También es necesario considerar los factores individuales relacionados con la fertilidad, algunos de los cuales hoy se pueden conocer con bastante precisión a partir de ciertos exámenes. “Se ha descubierto que la Hormona Antimulleriana (AMH) es un buen predictor de la reserva ovárica de la mujer (cantidad de óvulos disponibles en sus ovarios), y por lo tanto, de su capacidad fértil. Entre más bajo sea el nivel de esta hormona, más se reduce la posibilidad de tener óvulos”, explica.
En otras palabras, la medición de esta hormona entrega una idea representativa de cuándo va a ocurrir la menopausia. “Cualquier mujer desde los 30 años en adelante puede hacerse un estudio para determinar su nivel de AMH. Luego, y de acuerdo a una tabla que considera su edad, se determina cuándo, aproximadamente, va a ocurrir su menopausia”, apunta este doctor.
La reserva ovárica de una mujer también se puede estimar a través de una ecografía que mide el número de folículos antrales (maduros) en sus ovarios. “De acuerdo al número que se encuentren, se puede determinar si son suficientes para iniciar un tratamiento. Hay ocasiones en que son muy pocos, pero las pacientes, de todas formas quieren intentarlo”, apunta el gineco-obstetra.
Cuando las probabilidades son bajas
En estos casos, existen estrategias que ayudan a mejorar el pronóstico, entre ellas, el uso de productos como parches de estrógenos, anticonceptivos orales y dosis bajas de la Hormona Liberadora de Gonadotropina (GnRH).
Otra alternativa es el uso de la Hormona Luteinizante recombinante (rLH) durante la inducción de la ovulación, que presenta particularmente buenos resultados en la población femenina mayor de 35 años, y sobre todo en quienes superan los 37. “En ellas hemos visto que agregar la rLH aumenta significativamente las tasas de embarazo. Por eso se ha planteado que esta hormona aporta beneficios en la mujer mayor”.
De todas formas, este especialista llama a tener en cuenta que entre más años se dejen pasar, más disminuyen las probabilidades de lograr un embarazo, ya sea en forma espontánea o a través de tratamientos de fertilidad. “No existe la edad ideal para tener un hijo, pero lo ideal es que las mujeres se decidan a tener su primer hijo antes de los 35 años”, concluye.
Dr. Ariel Fuentes
Profesor Asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile
Subdirector del IDIMI.
Hospital San Borja-Arriarán
Fonos: (02) 9770850
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