
El agitado ritmo de vida de las grandes ciudades hace que casi no haya tiempo para sentarse a comer algo sano y nutritivo. Los alimentos que consumimos son, por lo general, ricos en grasas, sal o azúcar, lo que hace que la digestión sea cada vez más lenta y difícil.
Lo anterior, sumado al estrés propio que generan las actividades laborales diarias, redunda en problemas estomacales: tránsito lento, estreñimiento o sensación de constante hinchazón, entre muchos otros que afectan -principalmente- a las mujeres.
Para quienes sufren estos trastornos, una buena alternativa es el consumo de prebióticos, definidos como “ingredientes alimentarios no digeribles que fermentan en el intestino, sirviendo de alimento para las bacterias beneficiosas que todos tenemos y que necesitamos en nuestro aparato digestivo. Al mismo tiempo, dificultan el crecimiento de las bacterias perjudiciales, mejorando con ello la flora intestinal y, en definitiva, nuestra salud”, explica
Angélica Sagas, nutricionista de la Clínica Santa María.
También existen los probióticos. Según la especialista, “éstos corresponden a los ingredientes alimentarios constituidos por microorganismos vivos -iguales a los que forman parte de nuestra flora intestinal- que, ingeridos en cantidad suficiente, producen efectos beneficiosos en la salud, por contribuir a mejorar la composición de la flora intestinal”.
Alimentos
Los probióticos y prebióticos son fáciles de obtener, ya que se encuentran en varios de los alimentos que se consumen en una dieta normal. “Por ejemplo, los prebióticos se encuentran de forma natural en la leche materna y en algunas frutas y verduras tales como plátanos, ajos, cebollas, alcachofas, espárragos y tomates”, asegura la experta.
Por su parte, la industria alimentaria ha incorporado muchos productos con probióticos. Entre los más comunes se encuentran los yogures y las leches fermentadas. Esa es la razón por la cual la publicidad asegura que mejoran la flora intestinal y el tránsito lento. Es decir, ¡de verdad que hacen bien!
Actualmente, son muchos los productos que contienen estas sustancias de manera artificial. Para la nutricionista, “esto es importante en el caso de que -por diversos motivos- no pueda llevarse a cabo una alimentación rica en verduras y hortalizas, frutas, cereales y legumbres”.
“No obstante, su consumo en ningún caso debe sustituir una dieta equilibrada. Con una alimentación variada y equilibrada rica en frutas, verduras, hortalizas, cereales integrales, legumbres, lácteos y pescados, estamos tomando esos mismos nutrientes funcionales que se añaden a los nuevos alimentos”, advierte.
Beneficios
Ingerir prebióticos y probióticos como parte de una dieta equilibrada ofrece la posibilidad de mejorar la salud y de prevenir ciertas enfermedades. No obstante, junto con eso debe existir un estilo de vida saludable, porque el consumo por sí mismo no asegura los beneficios.
Por sus características (y por su rol en el cuidado de la salud), el consumo de prebióticos y probióticos es altamente beneficioso en grupos con necesidades nutricionales específicas, tales como: niños (especialmente los menores o en etapa de lactancia), mujeres embarazadas y ancianos.
Para hacerse una idea de la ayuda concreta que entregan, la nutrióloga explica que “los prebióticos son beneficiosos por cuanto previenen el estreñimiento y diarrea, disminuyen la presión sanguínea y el colesterol plasmático, favorecen la mineralización de los huesos y tienen propiedades protectoras frente al cáncer colo-rectal”.
A su vez, los probióticos son útiles en la prevención y tratamiento de diarreas infecciosas y debidas al consumo de antibióticos, reducen los síntomas de la inflamación intestinal, previenen del cáncer de colon, disminuyen la intolerancia a la lactosa y bajan los niveles de colesterol.
Angélica Sagas, nutricionista.
Clínica Santa María
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