Agosto, 2009

Progesterona y fertilidad:

La hormona de la maternidad

 

Una de las principales funciones de la progesterona es la de ‘preparar las condiciones’ para que el huevo fecundado pueda anidarse en las paredes del útero. Por eso es que cualquier alteración en su producción puede dificultar o incluso impedir un embarazo.

Comúnmente, se le conoce como “la hormona de la maternidad”, pues cumple muchas funciones relacionadas con el desarrollo del feto. Entre ellas, la de favorecer las condiciones para que el huevo fecundado pueda anidarse en el útero materno y se desarrolle en forma adecuada.

En circunstancias normales, las mujeres (más específicamente, sus ovarios) la producen durante la segunda parte del ciclo menstrual, es decir, después que ovulan. “Si no hay embarazo, los niveles de progesterona comienzan a descender, hasta que ocurre una nueva menstruación. Pero si se produce embarazo, estos niveles siguen aumentando, indefinidamente, durante los nueve meses de gestación”, explica el doctor Ariel Fuentes, gineco-obstetra y subdirector de Instituto de Investigaciones Materno Fetal (IDIMI) de la Universidad de Chile.

Hay diversas situaciones o condiciones que pueden alterar el funcionamiento normal de esta hormona. Entre ellos, los más frecuentes son la anovulación (ausencia de ovulación) o la alteración de la ovulación, también llamada insuficiencia lútea. Estos trastornos pueden dificultar o derechamente impedir un embarazo.

Y es que, tal como explica el doctor Fuentes, “para embarazarse, la mujer no sólo necesita ovular, sino además tener una ovulación de buena calidad, es decir, con niveles suficientes de progesterona. En general, se dice que un buen ciclo concepcional es aquél en que los niveles de progesterona están por sobre los 10 nanogramos por ml, a los 7 días después de la ovulación”, indica.

¿Cómo detectar alteraciones?


La irregularidad menstrual es una de las principales manifestaciones externas asociadas a esta alteración, si bien algunas mujeres ignoran o pasan por alto esta señal. “Los ciclos normales oscilan entre 25 y 35 días. Por lo tanto, si una paciente menstrúa -por ejemplo- cada dos meses o bien, tiene un ciclo de 60 días y luego otro de 90, ya estamos frente a una patología, que habitualmente obedece a una falla ovulatoria”, indica este especialista.

Otra señal que también puede hacer sospechar de este trastorno es el hiperandrogenismo (exceso de hormonas masculinas), cuadro que suele manifestarse a través de hirsutismo (aumento de vello corporal), acné, seborrea (excesiva producción de grasa a nivel cutáneo) y, en ciertos casos, aumento de peso. “No siempre la obesidad tiene relación con la ovulación. De hecho, hay muchas mujeres que teniendo exceso de peso, ovulan y son muy regulares en sus ciclos menstruales. Pero si el sobrepeso está acompañado de otros signos de hiper-androgenismo, ese antecedente toma mucha importancia”, explica el doctor Fuentes.

¿Es posible tratar?


Afortunadamente, hoy en día existen diversos métodos para tratar esta alteración y, de ese modo, regular el ciclo de la fertilidad femenina, aumentando las posibilidades de lograr un embarazo, si así se desea. “En primer lugar, le pedimos a las mujeres que tienen sobrepeso u obesidad, que bajen algunos kilos. Es una estrategia simple, pero en algunos casos muy efectiva para regular el proceso de ovulación”, señala este especialista.

Una segunda medida bastante eficiente es el uso de inductores de ovulación -como el citrato de clomifeno- que actúan estimulando al organismo para que libere las hormonas necesarias para la ovulación. “Estos inductores son bastante eficientes, aunque a veces cuesta un poco identificar cuál es la dosis correcta para inducir una ovulación normal en cada mujer”.

Dr. Ariel Fuentes
Profesor Asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile
Subdirector del IDIMI.
Hospital San Borja-Arriarán
Fonos: (02) 9770850
(02) 9770864
(02) 977 0865
Ir a página: 1