
Cuando una pareja no puede concebir un embarazo, cualquier sea la razón, es inevitable que surjan sentimientos como ansiedad, tristeza y estrés. La psicóloga
Rosario Domínguez, de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Las Condes, explica que, en menor o mayor medida, tanto el hombre como la mujer que viven una situación de infertilidad experimentan un sufrimiento psicológico considerable.
En ese contexto, surge otro factor que suele tensionar aún más el panorama. “Nuestro medio le otorga al estrés un gran poder sobre la infertilidad. Se trata de una creencia popular muy generalizada y también muy infundada”, advierte esta profesional. Por lo mismo, los comentarios o consejos al estilo de ‘relájense, olvídense del tema y se van a embarazar’, lejos de ayudar, se convierten en una fuente de estrés adicional. “Esas opiniones, en general, demuestran una falta de empatía respecto de lo que significa querer tener un hijo y no lograrlo”, señala Rosario Domínguez.
La especialista de Clínica Las Condes agrega que en el 95 por ciento de las parejas que consultan por infertilidad se logra encontrar el motivo que obstaculiza el embarazo, “y en el resto lo único que podemos concluir es que no se encuentra un factor, pero no que éste no exista”, precisa la profesional.
Si bien el estrés no es por sí solo una causa de infertilidad, la psicóloga de CLC advierte que el estrés sí puede afectar la respuesta a los tratamientos orientados a conseguir un embarazo. “Todos hemos sabido de mujeres que no quieren tener hijos porque están viviendo situaciones angustiosas –ya sea económicas, sociales o psicológicas- pero igual quedan embarazadas, es decir, el estrés no las protege de embarazarse”, concluye Rosario Domínguez, quien acota que niveles de estrés elevados podrían demorar la concepción, disminuir las probabilidades de embarazo o afectar la respuesta a un tratamiento de fertilidad.
Factores que suman estrés
Dado que los tratamientos de fertilidad implican un significativo esfuerzo económico, éstos conllevan un grado de estrés y, por lo mismo, ejercen una presión adicional sobre la pareja. “Es común que ellos se pregunten qué me van a hacer, cuántas veces me podré hacer el tratamiento, qué va a pasar si no resulta. Hay una serie de preguntas que están nublando este tema”, dice la psicóloga Domínguez.
Además, este tipo de intervenciones pueden afectar el ánimo femenino. La utilización de hormonas como el estrógeno, por ejemplo, tienden a provocar mayor irritabilidad y sensación de vulnerabilidad. Por todo ello, más que responsabilizar a las mujeres esta psicóloga estima necesario abordar de manera respetuosa este proceso, evitando emitir juicios u opiniones sin antes informarse.
Apoyo psicológico
Existen estudios que determinan que las parejas con problemas de fertilidad tienen una mejor respuesta al tratamiento médico cuando éste incluye un apoyo psicológico. Ello no significa que el 100 por ciento de ellas se va embarazar, pero sí podrían elevar sus posibilidades, explica esta profesional.
Este apoyo, asimismo, reduce la probabilidad de desertar, situación frecuente en estos casos. Y es que, incluso en países donde los tratamientos de fertilidad son subvencionados por el Estado, se ha observado que el estrés es la principal causa para abandonar los tratamientos. “Eso lleva a que, en ocasiones, las parejas tomen largas pausas que pueden perjudicar su diagnóstico, porque si la mujer empezó su tratamiento a los 35 años, por ejemplo, y lo retoma a los 38, ha perdido una ventana de fertilidad muy importante”, advierte Rosario Domínguez.
Para reducir el estrés y la ansiedad también es conveniente compartir los pormenores del tratamiento sólo con el círculo más íntimo. Así lo estima la psicóloga Domínguez: “Cuando la pareja lo comenta con todo el mundo, los demás se sienten con el derecho de decirles lo qué es mejor, darles mil consejos, nombres de doctores y una serie de opiniones que les transmiten la ingrata idea de que ellos no sólo no pueden embarazarse, sino que además tienen la culpa o no saben cómo enfrentar el tema”.
Por último la profesional propone a las parejas un apoyo mutuo y constante, tanto para proseguir el tratamiento de infertilidad como para enfrentar con optimismo una eventual respuesta negativa a éste.
Rosario Domínguez, psicóloga
Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Las Condes
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